Proveniente de tiempos anteriores, en el Medievo encontramos la otra medicina, la popular, a la que corresponden "enfermedades" derivadas de las supersticiones y tradiciones amasadas durante años y que iban pasando de país en país, de generación en generación.
Por tanto la importancia que le otorgaban era de primer orden, siendo necesaria su radical extinción: eran los conocidos embrujamientos, castigos divinos, males de ojo o posesiones, enfermedades que ciertamente han sido registradas en la bibliografía como por ejemplo la contraída por ciertas mujeres que las llevaba a convertirse en brujas, mujeres mayores solas que respondían a las descripciones de encorvadas, verrugosas y locas. Hoy podríamos decir que no son más que los achaques propios de la edad pero en la Edad Media estas mujeres suponían una amenaza para la sociedad.
De esta primera clasificación, no podemos olvidar la cara tremendamente positiva que posee: la noción que las personas poseían sobre las plantas y sus beneficios, perfeccionada gracias a la observación del entorno así como al análisis de las efectos de su consumo, que ya en tiempos de la prehistoria eran desarrollados.
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